Bolivia, Argentina y Chile concentran el 63 por ciento de las reservas mundiales de un recurso estratégico para la transición energética.
Luis Arce presidente de Bolivia
Tiempo de lectura: 6'
29 de mayo de 2022 a las 05:00
Los gobiernos de América Latina han redoblado
esfuerzos para controlar la explotación de sus recursos estratégicos. Uno de
ellos es el litio. Con las victorias de Andrés Manuel López Obrador en México,
Gabriel Boric en Chile y Luis Arce en Bolivia recobró impulso la idea de crear
un foro de países de exportadores, similar a la Organización de Países
Productores de Petróleo (Opep). Quienes impulsan la idea aseguran que la región
tiene mucho que ganar si carteliza la producción y mucho que perder si la
balcaniza.
Ya en 2017, un artículo publicado en Forbes calificaba
el “triángulo de litio”, que incluye los salares de Hombre Muerto, Atacama y
Uyuni localizados en la Puna de Atacama, una región compartida por Bolivia,
Argentina y Chile, como “la nueva Arabia Saudita del Petróleo Blanco”. El área
de unas 870 mil hectáreas cuenta con el 63 por ciento de las reservas mundiales
y explica el 30 por ciento de la producción global del metal más liviano de la
Tabla Periódica, que se descubrió en 1817 y dos siglos después devino en
protagonista casi excluyente de la transición energética.
Según la última estimación del Servicio Geológico de
Estados Unidos, Bolivia cuenta con reservas equivalentes a 21 millones de
toneladas métricas, Argentina con 14,8 millones y Chile con 8,3 millones. Perú
y México, en tanto, suman casi 3 millones. Fuera de América Latina, los grandes
reservorios están en Estados Unidos (6,8), Australia (6,3) y China (4,5). Al
día de hoy, Australia es el primer productor mundial (48,8%) y Chile (22%) el
segundo.
Los expertos estiman que su precio podría subir
exponencialmente en las próximas dos décadas. La cotización se disparó un 80
por ciento en 2021, según el índice de Bloomberg. Hace 15 años, la tonelada
rondaba los 1.500 dólares. Hoy, supera los 80.000 dólares. Para cumplir con los
objetivos fijados los organismos multilaterales de cara al cambio climático, la
Agencia Internacional de la Energía estima que la demanda aumentaría un 900 por
ciento para 2030 y un 4.000 por ciento hacia 2040. Semejante aumento debería
ser atendido por un incremento de la oferta y las ganancias que puedan capturar
los países productores estarán sujetas a las fluctuaciones del precio. De allí
que se hable de la posibilidad de crear una “Opep del litio”.
De concretarse, el foro podría establecer cuotas de
producción para prevenir que el precio baje por efecto de la competencia. La
perspectiva de crear un eje integrador basado en el litio para jugar con fuerza
en el mercado internacional retomó impulso con la victoria presidencial de Gabriel
Boric, quien evaluó la posibilidad en una reciente conversación con su par
boliviano Luis Arce y en varias ocasiones manifestó su intención de impulsar la
creación de una empresa nacional del litio.
La idea también la analizó el ex canciller argentino
Felipe Solá con las autoridades bolivianas en marzo de 2021, según informó en
su momento el Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina. El gobierno,
sin embargo, señala que la Constitución le otorga a las provincias la soberanía
sobre los recursos naturales. Por esta razón, en Buenos Aires afirman que Arce
y Boric deberían negociar con el gobernador de la provincia de Jujuy, Gerardo
Morales.
En lo inmediato, el presidente Alberto Fernández busca
promover la explotación de las reservas y fijó como objetivo una producción de
230 mil toneladas hacia finales de este año. La meta demandaría inversiones por
unos 1.000 millones de dólares y la apuesta es a que provengan del sector
privado. Hoy, en la Argentina hay unos 50 proyectos en exploración, pero sólo
dos en etapa de producción.
En el gabinete de Boric no descartan un plan de
integración. El tema quedó en el centro de la agenda chilena luego de que el
expresidente Sebastián Piñera decidiera poco antes de dejar el cargo adjudicar
dos polémicos contratos para producir 80 mil toneladas a una empresa china y
otra chilena. La justicia los suspendió luego de que la iniciativa fuera
cuestionada por el Congreso y la Convención Constituyente, que deberá redactar
y someter a plebiscito una nueva Constitución que reemplazará a la actual, que
prohíbe la nacionalización de los recursos naturales.
Según el Centro Estratégico Latinoamericano de
Geopolítica, Bolivia, Argentina y Chile “tendrían la llave de un nuevo
escenario geoeconómico en materia de transición energética y una fuente segura
de divisas para el funcionamiento de sus economías”. El organismo estima que
las exportaciones podrían alcanzar los 500 mil millones de dólares anuales
desde el triángulo del litio hacia 2040. De darse el escenario, el mineral se convertiría
en el principal producto de exportación de los tres países.
Los que promueven la “Opep del litio” afirman que al
núcleo deberían integrarlo Bolivia, Argentina y Chile, pero que también
tendrían que sumarse México y Perú, y llegado el caso Brasil, países que no
tienen reservas importantes, pero son actores con peso geopolítico que, además,
podrían facilitar la transferencia de tecnología. Por lo pronto, el presidente
Andrés Manuel López Obrador se ha movido en la misma dirección que Boric y en el
marco de un proyecto integral para reformar el sector energético nacionalizó el
litio y creó una empresa estatal encargada de la exploración, explotación y
aprovechamiento.
Al día de hoy, Bolivia es el país que más entusiasma a
las multinacionales mineras pese a que en 2008 el entonces presidente Evo
Morales nacionalizó el recurso y en 2017 creó Yacimientos de Litio Bolivianos
Corporación (YLB) para administrarlo. En ese momento afirmó que se iniciaba la
etapa de industrialización en el marco de una política orientada al desarrollo
de un proyecto público de explotación integral de la cadena de valor. El
despegue, sin embargo, no llegó y, en 2019, Morales dio un giro al anunciar que
la alemana ACI Systems invertiría 1.300 millones de dólares para explotar el Salar
de Uyuni. El golpe de estado que lo derrocó paralizó la negociación.
Luis Arce, su sucesor y aliado, profundizó la
modificación del rumbo y autorizó a ocho mineras de capitales estadounidenses,
chinos, rusos y argentinos a iniciar pruebas piloto. Ahora, se espera que YLB
determine qué compañías serán las adjudicatarias de los contratos. Pese a su
enorme potencial, Bolivia solo produce y exporta unas 500 toneladas anuales de
cloruro de potasio y carbonato del litio. Sin embargo, tiene dos plantas piloto
para producir baterías y materiales catódicos.
En los últimos meses, la guerra entre Rusia y Ucrania aceleró la carrera para conseguir los metales necesarios para electrificar las economías y controlar las cadenas de suministro. En ese contexto, las cámaras mineras de Chile, Perú, México y Argentina lanzaron hace pocos días la Cámara Latinoamericana de Litio, que buscará sumar a Bolivia. El objetivo: que el mineral cotice como un commodity en la región y poder regular su precio. El índice, presentado a Standard & Poor’s para que funcione como referencia en la Bolsa de Londres, seguramente estará sujeto a un mundo volátil e incierto. Una ecuación económica que deberá incluir el factor socioambiental en un territorio donde las prácticas extractivistas han generado históricamente pasivos que no se pueden soslayar.

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